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De la Rectora
DISCURSO DE LA XXIII
GRADUACION ORDINARIA
Señores
Lic. José De La Cruz
Gobernador Civil
Lic. Víctor Hugo
Delancer
Sub- Secretario de
Estado de Educación Superior Ciencias y Tecnología, SEESCYT
Dr. Wilfredo Lorenzo
Hidalgo
Subsecretario de Estado
de Salud Publica
Dr. Concesar Hernández
Presidente Del
Patronato Pro-Desarrollo De La Provincia Sánchez Ramírez
Lic. Julio Tejeda
Presidente Del Consejo
De Regencia
Ing. José Jorge Goico
Director Ejecutivo de la ADRU
Rev. Padre Félix Nova
Curra párroco Iglesia Inmaculada Concepción
Lic. Gladys Soto
Diputada por la Prov. Sánchez Ramírez
Dr. David William
Representante Universidad de la Habana
Representantes de
universidades hermanas
Profesores
Estudiantes
Graduandos y
graduandas
Familiares graduandos
Señoras y Señores:
Mientras me disponía a
escribir unas palabras de salutación con motivo del XXIII acto solemne
investidura ordinaria, llegaron a mi memoria estos versos del poema
Desiderata: “Somos,
cada uno de nosotros, una criatura del universo, no menos que los
árboles del bosque ni las estrellas del firmamento. Y, por tanto,
tenemos derecho a estar aquí en la confusión bulliciosa de un planeta
que, a pesar de sus farsas y de tantos sueños frustrados, sigue siendo
un espacio increíblemente hermoso”. De inmediato me asaltaron estas
preguntas:
¿Qué le gustaría
escuchar a un graduando de sus autoridades universitarias en el momento
que se recibe como profesional? ¿Qué necesita escuchar, además, de los
obligatorios parabienes propios de estos eventos, de sentir la cálida
palmadita en la espalda dada por sus más queridos seres, mientras le
murmuran efusivamente felicidades, lo has conseguido, lo lograste,
sabia que podías hacerlo, etc.
Estas interrogantes me
hicieron concluir, que mis palabras debían adolecer de la rigidez
institucional tradicional, para asumir un formato de orientación,
similar a la lección sencilla del maestro, lo que fui de algunos de
ustedes; del maestro que en su última clase, desea recapitular los
aspectos más relevantes de la materia que ha enseñado. Para hacerles
conscientes de sus cualidades, adquiridas o desarrolladas en arduas
actividades de aprendizaje en las aulas de su Universidad, de las
esperanzas que la sociedad ha cifrado en ustedes, de sus compromisos
contraídos consigo mismos y con sus familiares.
Comenzaremos por
repasar el camino recorrido hasta aquí, voy a remontarme al escenario de
aquella tarde, en que asistieron por primera vez a nuestra universidad,
hace ya dos, tres o cuatro años. Le recibimos con alegría, con el gusto
de quien ha preparado las mejores galas para recibir el nuevo retoño.
Todas las autoridades, los profesores de la universidad, se reunieron
para saludarles y manifestarles su interés de ayudarles a conseguir
sus propósitos; sin mucha burocracia, con la humildad y sencillez,
propia de ideales altos. Desde nuestro primer encuentro, le hablamos
de estudio, trabajo duro, esfuerzo, entrega, generosidad, cambio,
compromiso de país, valores éticos, morales, profesionales; discurso que
se mantuvo en cada una de las clases, hasta el final.
Les mostramos nuestros
símbolos institucionales: la bandera, el escudo y el himno. La bandera
amarilla como el oro, sembrado en forma de educación desde el 1982 para
forjar el futuro de esta Región, sus escrituras marrones y verdes,
referidas a nuestras grandes potencialidades naturales: la tierra, la
agricultura, la foresta. Al centro de la bandera el ser humano,
iluminado con la luz de la sabiduría a través de la ciencia, el
conocimiento. El escudo redondo, en su visión amplia del mundo, e
inserto como un subconjunto la forma del escudo dominicano,
significando la identidad nacional, para hacernos compromisarios con
lo expresado por Jacques Delors, cuando dice: “es necesario pensar
globalmente y actuar localmente”, porque “no hay globalidad que valga,
sin localidad que sirva”.
Les ha tocado vivir en unos
tiempos que demandan un replanteamiento integral, personal, profesional,
institucional incluso de organizaciones como las universidades que, por
siglos, fueron un oasis de estabilidad y cordura, se les pide cambios
radicales de adecuación a una nueva sociedad, caracterizada por la globalización económica, los avances de la ciencia y la tecnología y
el predominio de la tecnología de la comunicación e información.
No obstante, estamos
seguros que sus dotes les permitirán manejarse en esta realidad, porque
llevan como equipaje:
-
Altos ideales, que
les permitirá ser capaces de saber escoger y poner en práctica
aquellos que puedan dar sentido a sus acciones y proyectos.
-
Los conocimientos,
competencias y habilidades requeridas para saber reaccionar crítica
y creativamente ante una realidad cambiante, con la debida actitud
responsable y eficiente.
-
Las actitudes de
audacia, innovación, capacidad de aprendizaje permanente, liderazgo
que les permitirá producir propuestas transformadoras y persistir
con apertura y voluntad firme, hasta verlas realizadas.
Si a estas habilidades
le sumamos amor y pasión. El amor el más importante de los sentimientos
y valores. La pasión, entendida como la entrega por completo a lo que
hacemos, independientemente de la recompensa que vayamos a recibir,
tendrán asegurado el éxito.
Hoy
después de varios años de verlos, día
tras día, dedicarse con empeño a estudiar, prepararse y crecer en
nuestras aulas, para responder a las urgencias de una sociedad que
espera de profesionales dotados de una clara conciencia social y un
alto sentido humano, capaces de innovar e incorporarse a la producción,
actuando y renovando constantemente su compromiso social, para ser, no
simples dominicanos, sino verdaderos dominicanos, nos permitimos
recomendarles:
No esperen sentados a
que les llegue un nuevo éxito, la buena suerte, porque la buena suerte
sólo depende de ustedes mismos. Leía, hace ya algunos días, una fábula
escrita por Alex Rovira y Fernando Trías, llamada la Buena Suerte, la
cual refiere lo siguiente:
Hace mucho tiempo, en
un reino lejano, Merlín convocó a todos los caballeros del reino y les
dijo: “en siete noches, el trébol mágico de las cuatro hojas, el que
proporciona suerte ilimitada al que lo posee, nacerá en algún lugar del
bosque”.
Sólo dos caballeros
(Nott y Sid) aceptan el reto y deciden participar en su búsqueda. Nott,
decide buscarlo de manera tradicional, mientras que Sid establece una
estrategia distinta que le lleva al éxito.
¿Qué lecciones podemos
extraer de ésta fábula de la Buena Suerte? Podrían ser múltiples las
interpretaciones, me referiré, sólo a cuatro de ellas; primero que la
buena suerte no es fruto del azar, sino del trabajo, de la iniciativa,
de nuestras acciones; segundo que pocos deciden ir en su búsqueda;
tercero que la buena suerte sonríe a los que están preparados para
encontrarla, y cuarto, que la buena suerte, sólo depende de nosotros.
Formar unos buenos
profesionales en negocios, educación, derecho, bioanálisis,
agropecuaria, no constituye la única aspiración de la universidad
ITECO; pretendemos también que nuestros egresados asuman un liderazgo y
se conviertan en agentes de cambio para el progreso del país.
Queridos graduandos hoy
concluyen una larga carrera de estudios, digna de admiración y respeto.
Sus logros llenan de satisfacción y orgullo a sus padres, a sus
profesores y a su Universidad. Han subido un escalón, no han llegado aún
al descanso. No se detengan en su formación. La vida sigue su curso. Los
procesos de cambio continúan.
Piensen que su formación
es un continuum, lleno de muchos momentos importantes, con un
norte que no debe conocer de estaciones, ni detenimientos. El cambio es cada vez más acelerado. Si se detienen, que sea solo para
respirar y cobrar nuevas fuerzas, porque si su “pausa” se prolonga
demasiado, dejarán de vivir en la realidad. Vivir plenamente –de una
manera más “real”-significa estar alerta, concentrarse, esforzarse,
poner a prueba sus aptitudes y capacidades; en fin, como decía Ortega y
Gasset, “exigirse mucho a sí mismo”.
Ustedes se llevan un
caudal valioso de conocimientos de esta casa de estudios. Aquí han
recibido un bagaje de competencias técnicas, pero también unos valores.
¡Ojala que se lleven también una lección más importante! Asuman
responsablemente su vida. Lo mejor de la educación que se imparte en
esta Universidad consiste en convencer a nuestros graduados de que tomen
en serio los valores, especialmente la vida, la libertad, la
generosidad, el servicio, la paz, la justicia y el amor.
Al salir de este acto
ustedes graduandos se integrarán en una nueva realidad. Una realidad
con muchas dificultades, en muchos aspectos, una realidad injusta y
excluyente. Sobran las cifras que muestran la miseria humana
(analfabetismo, insalubridad, desempleo, falta de alimentación
injusticia social, delincuencia, falta de institucionalidad). Van a
encontrar un mundo que puede parecer hoy un lugar confuso y lleno de
egoísmo, sectarismo, intolerancia… pero, quien les ha hablado que la
vida les iba a ser fácil? Justo ahí está su compromiso, trabajar duro
para transformar esa realidad.
Finalmente, comparé
este acto de graduación, con la gran fiesta de despedida del hijo,
que tras recibir las mejores enseñanzas y costumbres en el hogar
siente estar preparado, y se dispone a desplegar sus alas, elevar su
vuelo y a descubrir nuevos horizontes.
Felicidades graduandos por
sus éxitos.
Felicidades por su valiosa decisión de haber asociado su futuro a esta
Universidad ITECO. Agradecimientos a los familiares y amigos que
vienen a acompañarnos y compartir con los graduandos uno de los días
más felices de sus vidas, el solemne acto de graduación.
Esclarecida Núñez
Octubre 21, 2006
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