| Revista Científica del ITECO El Capacho Año I * Número 1 |
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Transformaciones del Municipio de Cotuí, Movimientos Sociales Urbanos y Perspectivas de Desarrollo por: Lic. Ricardo Hernández, M A. Profesor de Ciencias Sociales de la UASD y Técnico de la Regional de Educación No16 de Cotuì[1] Resumen CRISIS AGRARIA Y TRANSFORMACIONES URBANAS En la década de los ochenta, el latifundio se afianza y la reforma agraria se estanca, aumentando cada vez más los minifundios y los campesinos sin tierra. La economía local se empeora aún más con el deterioro paulatino de la rentabilidad en la comercialización de los productos agrícolas y el avance de un modelo económico que se fundamenta en zonas francas, agroindustria y turismo. Como resultado del latifundio y la emigración campo-ciudad, en Cotuí han desaparecido varias comunidades: Breña, La Palmilla, Sabana Grande y El Rancho. Los terrenos de estas comunidades se encuentran transformados en fincas ganaderas[2]. Tenemos varias agroindustrias dedicadas a la producción de cítricos y piñas, las cuales, junto a los terrenos dejados en condiciones improductivas por la Rosario Dominicana y la Presa de Hatillo, ocupan alrededor de 269,000 tareas, que muy bien debieron estar dedicada a la producción agrícola. Presionados por el empeoramiento de sus condiciones materiales y los desalojos compulsivos, los campesinos comenzaron a ocupar la periferia urbana del municipio. En 1993, la población urbana alcanzó los 42,500 habitantes y la rural 44,078, equivalente al 49.0% y 50.9% respectivamente de la población total del municipio de Cotuí. A pesar de mantenerse la predominancia de la población rural, en esta se verifica un descenso si la comparamos con la situación de 1981, donde el 81.3% de los habitantes residían en las comunidades rurales, según el censo de ese mismo año. Estos datos expresan la consolidación de una tendencia demográfica que apunta hacia la concentración de la población en la zona urbana. Lo cual se explica, en la constitución de los barrios San Martín, Santa Rosa, La Yuca, Los Cajuiles, Los Algodones, Santa Fe y El Limpio; Libertad y La Altagracia, estos dos últimos fueron poblados principalmente por los desalojados de la presa y la mina. Los Cajuiles y El Limpio eran comunidades rurales que terminaron urbanizadas por el aumento de la población urbana. De manera paralela surgieron otros barrios construidos por el sector privado: "Los Mineros", "Los Españoles", "Marlenne", "Los Cocos" y "Hernández Fabián" (HERFA). Estos territorios generalmente fueron ocupados por sectores medios y altos de la sociedad cotuisana. Las actividades económicas también se vienen transformando. Se multiplican los establecimientos comerciales de ventas de comestibles, factorías, farmacias, tiendas de tejidos, mueblerías, ferreterías, supermercados, nuevos centros médicos, bancos y financieras, representando estas nuevas fuentes de empleos para los sectores medios. En términos generales, Cotuí carece de fuentes suficientes de empleos, siendo entonces la economía informal uno de los principales medios de sustentación económica para los sectores populares. Han emergido actividades económicas que dependen de los desechos[3], tales como los compradores de botellas vacías, cajas de cartón, neveras usadas, estufas, colchones; así como también las freidurías, los mercaditos[4] y tarantines en la calle comercial; campesinos que compran víveres y frutas para venderlos en la ciudad directamente a los consumidores o a los ventorrillos. El número de niños vendedores es bastante elevado; estos, en su mayoría residen en los barrios periféricos; igual sucede con los motoconchistas, una gran parte de ellos de extracción rural. Esta actividad es una de las más socorridas por la ampliación del perímetro urbano. Aunque parezca una paradoja, a pesar de que Cotuí es poseedor de inmensas riquezas de oro, para sólo citar una de las tantas que descansan en el subsuelo del municipio, se encuentra ubicado dentro de los municipios "pobres" del país: basta con que revisemos algunos datos de los que ofrece un estudio sobre la pobreza por municipios. La Provincia Sánchez Ramírez se encuentra entre las de "mayor tasa decrecimiento poblacional" de 126,567 habitantes en 1981 ascendió a 158,218 en 1993[5]. De esos 146,811 son pobres, lo que le asigna un índice de pobreza de 4.0 en una escala de 1 a 5, compitiendo con Bahoruco (4.5), Elías Piña (4.5), Independencia (4.0), Samaná (4.0) y Monte Plata (4.0). Todas estas provincias son consideradas en el estudio "muy pobres" por lo que poseen las tasas de desnutrición infantil (TDI) más elevadas, siendo la de Sánchez Ramírez de 31.5 y su grado de vulnerabilidad de 4.0, lo que expresa una posibilidad mayor de muerte a menor edad[6]. Esto se complica si le agregamos que el 61.0% de los habitantes de la provincia reciben ingresos por debajo de los RD$750.00 mensuales[7]. Estos datos, aunque se encuentran cuantificados en el ámbito provincial, son una llamada de atención para nuestro caso de estudio, el municipio de Cotuí, si tomamos en cuenta que el 53.0% de la población provincial se concentra en Cotuí. Es suficiente con observar que Cotuí posee una tasa de desnutrición de 32.5, una de las más altas del país y en la provincia sólo superada por el municipio de Cevicos con 34.3[8]. Otro estudio sobre la pobreza en la República Dominicana de publicación reciente sustenta que el 81% de los hogares cotuisanos son pobres[9]. La estructura poblacional a nivel de “población de 10 años y más económicamente activa” (PEA) continúa un tanto parecida a la de 1950, de 26,632 habitantes en condición PEA sólo 918 son patrones, por lo que sigue siendo reducida la oferta de empleos, una de las razones fundamentales de la pobreza; 6,632 son “trabajadores por cuenta propia” y 5,991 no fueron clasificados en ninguna categoría, lo que fortalece nuestro planteamiento en términos de la hegemonía de la economía informal como fuente de empleo. Finalmente 11,628 son “asalariados[10]”, donde el gobierno central y el Ayuntamiento tienen una cuota importante. El censo nacional de servidores Públicos arrojó 3,085 empleados en Cotuí[11]. El Estado es uno de los principales empleadores; no contamos con empresas que sustenten grandes nóminas de empleados. De tal modo, el crecimiento urbano sin planificación ha arrojado un saldo negativo que distancia las diferenciaciones sociales, sobre la base de la concentración del capital en empresarios aislados, los cuales mezclan múltiples fuentes de acumulación de capital y la existencia de una progresiva masa de empobrecidos. VIDA COTIDIANA Y MENTALIDAD DE LOS POBLADORES La cotidianidad del poblador barrial cotuisano se inscribe en la lucha por la sobrevivencia, fuera y dentro del hogar donde se involucran adultos y niños. El barrio se moviliza en diferentes direcciones a fin de obtener el sustento diario para lo que es necesario trabajar de "6 a 6" en la calle, vendiendo su fuerza de trabajo, hoyando una zanja, vendiendo frutas, café, ropa usada. Como resultado de la transculturación abundan los tipos de recortadas del cabello, por lo que las barberías se han convertido en una fuente de empleo para muchos jóvenes. Ese trajín se agudiza con los apagones y la escasez de agua, pues amerita desplazarse a larga distancia en busca del preciado líquido. Los niños dividen su día entre lustrar zapatos, vender dulces, helados y asistir a la escuela (algunos), mientras que las niñas comparten sus estudios con cuidar los niños en otra casa o a sus hermanos. Las amas de casas, a su vez, se encuentran sumidas en la difícil tarea de administrar el permanentemente deficitario presupuesto familiar. Para compensar el mismo acuden a llevar "sanes", establecen algunas "ventas", abren un salón de belleza y aprovechan los ingresos que los niños llevan a la casa. De otro lado, pero en la misma dirección, el marido se mantiene atado a la financiera o al "módico 20" para comprar un motor o resolver problemas de salud. Esa dinámica limita la asiduidad en los actos religiosos y el intercambio vecinal; no obstante, la muerte continúa siendo un punto de encuentro, ya sea en un velorio, hora santa o cabo de año, e igual sucede con las organizaciones religiosas y barriales. Las mujeres encuentran en los espacios religiosos una válvula de escape al círculo vicioso y machista del hogar. Tales condiciones materiales gravitan en la mentalidad de los pobladores, en sus expectativas para superar sus limitaciones actuales, asumen la pobreza como un hecho natural que viene de Dios. Otros están conscientes de la esencia clasista de la pobreza pero no se plantean mecanismos para superarla. Entre los desalojados todavía pervive el deseo de regresar a su situación anterior de agricultor. El gobierno aparece como el eterno culpable de su situación pues no planificó los desalojos realizados. A los políticos se les considera como personas que sólo aparecen cada 4 años, no son confiables, ya que todo lo que se posee en los barrios es producto de la lucha. El trato inhumano al que fueron sometidos muchos pobladores en el momento de su desalojo y las paupérrimas condiciones sociales en que viven les producen un pesimismo extremo en cuanto a la solución de los problemas, lo cual se agudiza cuando la línea social del párroco es de tendencia conservadora. No obstante, cuando los límites de la paciencia social son rebasados por el déficit en los servicios sociales y el deterioro de los niveles de vida, aparecen las protestas comunitarias. PERFIL DEL DIRIGENTE BARRIAL Un elemento que merece cierta atención son los dirigentes barriales, pues la debilidad institucional de las organizaciones acarrea su protagonismo, donde los intereses del dirigente pueden suplantar a los del grupo. A los dirigentes barriales podemos clasificarlos en dos planos: 1- El dirigente barrial-natural, el cual se reduce a su demarcación barrial concentrándose en los problemas de su comunidad, este no mantiene una correspondencia entre sus condiciones materiales y su posición política. Para él, cada problema tiene su razón de ser en sí mismo. Generalmente, se mantiene por muchos años dirigiendo la organización y además centraliza todos los trabajos del grupo. Como método de lucha, este tipo de dirigente prefiere las visitas, comisiones, notas de prensa y demanda de mucho descontento para llegar a la huelga. Mantiene la organización aún quede solamente con el nombre del grupo, pues lo considera de su propiedad. Los mencionados “dirigentes” adolecen de "escasa capacidad organizativa, que se expresa en que no manejan técnicas participativas, utilizan métodos de recolección de fondos poco creativos y concentran en ellos las actividades del grupo"[12]. 2- El dirigente barrial-municipal tiene escasa vinculación orgánica en demarcaciones barriales específicas. Opera en base a la dimensión municipal, tiende a ser más politizado, por lo que privilegia las movilizaciones como método de confrontación. Tiene claridad en cuanto a los problemas sociales como producto del sistema social predominante. No así las soluciones pertinentes para contrarrestar la situación actual, por lo que se acude a las mismas alternativas de cara a problemáticas disímiles. De manera que los grupos barriales se conciben como destinatarios de la movilización social. Por tanto, se espera una reacción automática de los mismos, cuando se les convoca. Esa forma de relacionamiento con los entes orgánicos de los barrios genera un descuido considerable del fortalecimiento institucional, impidiendo que las organizaciones se conviertan en verdaderos espacios de poder local en sus territorios. Esos mismos dirigentes son los incentivadores de las luchas nacionales por ser representantes de determinados partidos políticos que propician o se solidarizan con esas acciones. No siempre existe una coordinación entre los primeros y los segundos tipos de dirigentes; sin embargo, los últimos maximizan los escenarios barriales para mantener su vitalidad dirigencial en el municipio. NUEVAS MODALIDADES ORGANIZATIVAS El Comité de Lucha Popular fue una de las experiencias organizativas novedosas en este período. En Cotuí, desde 1980, comenzaron a surgir estos organismos diseñados exclusivamente para la lucha. A instancias del Partido Comunista del Trabajo, se formaron CLP en La Mata, Los Tocones, La Yuca, Bawincho, Pueblo Nuevo, Quitasueño y en la comunidad de Guanábano. En su membresía predominaban los hombres[13]. Más tarde surgió una representación del Frente Amplio de Lucha Popular (Falpo) y del Colectivo de Organizaciones Populares. La dirección estaba en manos de militantes de los partidos políticos, que a nivel nacional impulsaban esas organizaciones. La dinámica organizativa de estas implicaba activarse solamente cuando era necesario movilizarse, lo que en parte fue llevándolos a su desaparición real, aunque todavía sobreviven algunos vestigios del Colectivo de Organizaciones Populares. En términos barriales, en la segunda mitad de los ochenta, también surgieron las primeras juntas de vecinos, cuyos propósitos estaban orientados a resolver problemas específicos de su territorio, tales como agua, energía eléctrica, calles, aceras, contenes, entre otros. Con esos fines surgieron las juntas del barrio Altagracia, Libertad y Los Tocones. Ya en los noventa fueron surgiendo en cada barrio con fines similares a las anteriores, incluyendo la seguridad de la comunidad por medio del sereneo[14]. En la actualidad se encuentran coordinadas en la Unión de Juntas de Vecinos, la cual aglutina juntas de la zona rural. El protagonismo sostenido por la Iglesia Católica de cara a los desalojos entró en declive producto de varios conflictos señalados en el capítulo anterior. No obstante, su imagen entra en proceso de recuperación cuando a finales de los ochenta y principio de los noventa la conducción de la parroquia pasó a manos de sacerdotes inspirados en la Teología de la Liberación. Estos comenzaron a desarrollar un trabajo organizativo en los barrios, que iniciaron con los Grupos de Evangelización, limitados a la oración y a la reflexión bíblica parcialmente vinculada a los problemas terrenales, la Pastoral Juvenil, que se activaba coyunturalmente, tiene mayor esplendor con la formación de los Grupos de Jóvenes Cristianos, llegando a existir uno en cada barrio. En los mismos se aprovechaban las preferencias de los jóvenes para lograr integrarlos a los grupos. El trabajo barrial de la iglesia encuentra una mejor expresión en las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) impulsadas por el sacerdote Ramón Abréu. Estar en las CEB implica un compromiso de fe y comunitario, es conectar la Biblia con la realidad barrial, por eso se parte del método Ver, Juzgar y Actuar. De esta manera se diseminaron CEB por casi todos los barrios y sectores, logrando captar ex-militantes de izquierda y personas renuentes al discurso conservador de la iglesia. En consecuencia, los sectores religiosos se integraron al movimiento barrial, llegando a representar un bloque importante en el poder de convocatoria de los sectores populares cotuisanos. Las CEB transformaron las misas, los diferentes sectores acudían a denunciar en las mismas situaciones problemáticas y la realización de determinadas actividades sociales. Este proyecto organizativo hizo crisis con el traslado hacia otra parroquia de su sustentador. Sin embargo, en la actualidad perviven varias, a pesar de los cuestionamientos que reciben de la misma Iglesia Católica. Las organizaciones de mujeres, por su parte, que hasta entonces se registraban solamente en la zona rural, aparecieron en diferentes barrios, producto de que la Asociación de Mujeres Abriendo Surcos, de tendencia feminista, se propuso estimular la formación de grupos de amas de casas en los barrios, formándose grupos de mujeres en los siguientes territorios: Los Tocones, San Martín, Pueblo Nuevo, Libertad, Los Pomos, Los Cajuiles, de los cuales surgió una Federación de Mujeres[15]. Los conflictos internos y la emigración contribuyeron a su extinción. Solamente el grupo de mujeres del barrio Los Tocones se mantiene precariamente[16]. Otras organizaciones no barriales, pero de cierta incidencia en el municipio, fueron la Asociación de Estudiantes Universitarios Cotuisanos (ASEUCO), la cual con su lucha constante por el transporte de los estudiantes entre otras actividades se mantuvo estable; y la Asociación de Técnicos Cotuisanos enfrentando la actitud excluyente de la Rosario Dominicana hacia los obreros de Cotuí cuando existían plazas vacantes; y el Sindicato de Trabajadores de la Construcción, el cual enfrentó a los ingenieros para que contrataran obreros locales y les pagaran de la mejor manera[17]. El Movimiento Cultural "La Zafra" surgió en el 1979, protagonizando el trabajo cultural en el transcurrir de los ochenta. Su dinámica organizativa descansaba en un núcleo de coordinación, y núcleos de Pintura, Escultura, Teatro y Literatura; cada núcleo gozaba de autonomía relativa. El arte se asumía como medio de concientización a la comunidad; sus producciones artísticas cuestionaban la sociedad actual. La emigración de sus miembros, por motivos de estudios, desarticuló el movimiento. Sin embargo, una gran cantidad de pintores, escritores y otros artistas cotuisanos son producto directo o indirecto de ese movimiento cultural. De igual modo, la Escuela de Bellas Artes que funciona en este municipio. Después de la desaparición de La Zafra, el trabajo cultural en Cotuí es muy reducido. LAS HUELGAS NACIONALES Y SU EXPRESIÓN EN COTUÍ Desde los años setenta, este municipio sintoniza con los movimientos sociales de carácter nacional. En consecuencia, no se podía quedar al margen del conjunto de movilizaciones desarrolladas en la década pasada, máxime cuando los desalojos y el déficit en los servicios sociales lo colocaron en una dinámica de movilización tal que los pobladores estaban lo suficientemente sensibilizados para solidarizarse con otros municipios, la región y el país. En esas reacciones desempeñaron un rol importante los militantes de izquierda y el PRD, los cuales mantenían vigencia en las organizaciones barriales. Como los organismos profesionales, sindicales y barriales cuentan con la presencia de militantes políticos en su membresía y dirección, se facilita captar solidaridad dado el enlace político previamente establecido. Además, como todas las expresiones organizativas de cobertura nacional tienen una representación en el municipio, se posibilita aún más la participación de este en las jornadas nacionales de lucha. Incluso, en las movilizaciones escenificadas en abril de 1984, donde la vanguardia la constituyó el pueblo mismo, en los barrios y comunidades rurales, los cotuisanos se movilizaron, obstruyeron el tránsito con zanjas, árboles y neumáticos. Tuvieron que ser militarizadas algunas áreas, donde los militares, producto del ataque que fueron objeto en una manifestación en la comunidad de La Mata, hirieron dos personas y "mataron a tiros a Trípode Santiago[18]" También en las huelgas nacionales de 1985, 1987, 1988, 1989, 1990 y 1991, el municipio de Cotuí se movilizó en contra del alto costo de la vida, los apagones, por aumento salarial, y contra el fraude electoral. Así que todas las huelgas de profesores, médicos, enfermeras, agrónomos, encontraban su espacio solidario, por medio de "paro de labores" en los respectivos centros de trabajo y movilizaciones, como es el caso de los estudiantes en apoyo a los profesores cuando entraban en conflictos con la Secretaría de Estado de Educación. Como hay una gran cantidad de cotuisanos estudiando en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, las luchas por aumento presupuestario a este centro educativo eran apoyadas de inmediato. Las movilizaciones en contra del fraude electoral de 1994 tuvieron un carácter intenso en Cotuí, reacción producto de la tradición perredeísta existente en el municipio. Otra muestra de sensibilidad social en los sectores populares cotuisanos lo evidencia el encendido de velas en las calles a raíz del asesinato del cantante Tony Seval. Su muerte generó un conjunto de movilizaciones en diferentes puntos del país por los matices propios del crimen y la aceptación que en poco tiempo había logrado este artista. LUCHA POR LOS SERVICIOS SOCIALES Y AUTOGESTIÓN BARRIAL Hasta 1988 todas las energías sociales-populares se canalizaban hacia el conflicto Rosario Dominicana-comunidades circundantes y, en menor medida, los desalojos de la Presa de Hatillo, donde las estructuras organizativas urbanas en cada movilización incluían demandas correspondientes a los servicios sociales. El movimiento social rural entró en declive. De nuevo, en la zona urbana, se comenzó a demandar arreglo de calles, servicio sanitario, agua potable, aunque esta vez los escenarios predilectos serían los barrios de reciente constitución. Cada uno desarrolló estrategias en el marco de sus límites, algunas coincidentes, pero la espina dorsal no serían todas las organizaciones del municipio, sino que el barrio explotaría todas sus energías para lograr el propósito de su electrificación e instalación de redes de agua, ambos serían los dos servicios más socorridos en cuanto demandas comunitarias. Las autoridades locales y nacionales, comenzaron a ser presionadas por los pobladores. Tales presiones eran realizadas a través de notas de prensa, comisiones, marchas, vía crucis y huelgas, a fin de que solucionaran los problemas. En esa línea; los barrios La Altagracia y Libertad se destacarían en los ochenta y hasta 1993. El primero, a través de la Junta de Vecinos, donde se integró toda la comunidad, encaminó un plan en pro de la electrificación del barrio, el cual, durante 6 meses, descansó en la confrontación. En ese período se sucedieron las huelgas, en las cuales participaban niños, mujeres, jóvenes, simpatizantes del gobierno apoyaban directa o indirectamente. Cada acción terminaba paralizando el tránsito de la carretera Cotuí-Cevicos que atraviesa ese barrio. Las autoridades sólo respondían con promesas. De ahí que decidieron cambiar la estrategia, siempre apoyándose en los recursos propios, esta vez se decide iniciar un proceso de recolección de fondos[19] tanto en el barrio como fuera de él. Así, se compraron alambres, postes, transformadores entre otros materiales; la Corporación Dominicana de Electricidad sólo contribuyó con la mano de obra y la comunidad aportó alrededor de medio millón de pesos, aportando, dependiendo de las posibilidades individuales, así como peajes, aportes de empresarios, ayuntamiento, entre otros. Electrificado el barrio, la Junta de Vecinos logró con la CDE una mora de 6 meses, en cuanto a la formalización de contratos y pago de la energía consumida. El segundo barrio, Libertad, recurrió a las huelgas, pero fundamentalmente a las autoridades correspondientes, logrando mediante, la autogestión y el aporte gubernamental, la electrificación total en diferentes etapas por la magnitud territorial del mismo. Se convirtió en una práctica cotidiana el que en los barrios no-electrificados, o con luz eléctrica deficiente, como la CDE no accedía a sus reivindicaciones, los pobladores asumían costearse la compra de un transformador, postes, alambres, bombillas. Así sucedió en el barrio Acapulco, San Martín[20], Pueblo Nuevo e Hicaco. Relativamente lograda la electrificación, quedaron, en primer plano, el problema del agua y la permanencia del servicio eléctrico. De manera que se constituyó el Comité de Agua y Luz Permanente, en el que participaron organizaciones estudiantiles, de mujeres, barriales, comerciantes, campesinos. A través de ese Comité "se canalizarían todos los esfuerzos, dirigidos hacia la consecución de un servicio de agua potable y luz eléctrica con cierto criterio de estabilidad". "Para ello, se han realizado: misas de solidaridad, varias marchas, vía crucis y dos huelgas de dos días cada una[21]". Uno de los argumentos levantados por el Comité era el costo humano de la construcción de la Presa de Hatillo, y, por tanto, se debía recompensar a Cotuí con luz eléctrica permanente, atendiendo a que la Presa produce 8 MV y Cotuí sólo consume 3 MV[22]. Este Comité recoge una de las experiencias de movilización de mayor trascendencia, a la vez de integración social; como el problema agua y luz era tan acuciante en ese momento y la Iglesia Católica se encontraba de lleno en el movimiento, a los vía crucis y misas asistían cientos de personas. Sin embargo, no se conquistó la luz permanente, pero sí cierta mejoría en el servicio de agua, como construcción de un tercer acueducto[23] y extensión de las redes a los barrios que no las poseían[24]. En los últimos años, a consecuencia de averías en transformadores y postes del tendido eléctrico, hemos regresado a los paros barriales aislados y con reducida solidaridad. Las paralizaciones (neumáticos encendidos, basura, botellas rotas) se reducen a una calle, cuadra o sector de un barrio, sin afectar la dinámica barrial y municipal terminando los pobladores cubriendo las averías y, excepcionalmente, las autoridades, reparando algunas. La dimensión municipal del movimiento barrial terminó resquebrajada con el descenso de las luchas en defensa de los desalojados y por los servicios sociales. Pasándose entonces a una etapa de fraccionamiento de la acción barrial, lo cual ha redundado en una profundización de las limitaciones que el mismo venía arrastrando desde años atrás. El movimiento barrial cotuisano se encuentra estancado, las acciones en cada barrio son aisladas y las posibilidades de establecer niveles de coordinación se alejan cada vez más. BUSCANDO EL BIENESTAR SOCIAL En los países y en los municipios, el desarrollo se mide, hoy día, basándose en el índice de desarrollo humano establecido por la Organización de las Naciones Unidas, según el cual, los niveles educativos, el ingreso percápita, la eficiencia en la oferta de servicios y el equilibrio ecológico son fundamentales. El desarrollo actual debe ser integral y sustentable. Por tanto, debemos encaminarnos hacia una reforma social favorecedora del desarrollo humano, mediante la integración de políticas que permitan incorporar a todos los actores sociales del municipio al proceso de crecimiento en el marco del un bienestar progresivo, con lo que estaríamos superando las fallas anteriores, las cuales estaban concebidas para enfrentar los problemas de manera aislada, o arrastraban un carácter asistencialista, siempre como acciones separadas sin formar parte de un plan global de desarrollo. La sustentabilidad del desarrollo radica en eliminar la exclusión económica de amplios sectores sociales de las comunidades, mantener la estabilidad política y alimentar y preservar las innovaciones en el trabajo, la cultura, la producción y la inversión. Esta dinámica adquiere relevancia en un municipio como el de Cotuí, con niveles de pobreza tan agudos como los mencionados anteriormente. El desarrollo al que aspiramos amerita de equidad, no de igualdad, pues lo equitativo implica darle a cada quien según sus necesidades, lo que considero un criterio más justo que el igualitario. La equidad debe acompañar al componente socioeconómico, político y cultural, asegurando la descentralización del poder, aupando los poderes locales y abriendo un espectro de participación equitativa. Igualmente, la eficacia es otro elemento básico para el desarrollo integral, pues la gestión actual de los recursos humanos y los servicios en una sociedad donde la competencia entra por los cuatro costados, es vital. Buscar el desarrollo municipal integral pasa por dejar claramente establecido que: “El municipio es, ante todo, una comunidad de ciudadanos y, en el fondo, la comunidad originaria en el sistema político nacional, vale decir, la unidad básica y elemental en el Contrato Social. Si la comunidad de ciudadanos que se integran en el municipio no es libre, tampoco lo será el municipio... en el municipio se han cifrado, desde siempre, las aspiraciones de nuestro pueblo a la libertad, la democracia y el autogobierno[25]”. Por lo que se debe romper con la concepción bancaria de la política, donde los pobladores sólo se toman en cuenta para fines electorales; a ellos se les debe permitir ser y hacer. En tal sentido, no es posible el desarrollo sin asumir la democracia como bandera que nos identifique en todos los espacios, ésta no puede ser sin la presencia constante de la transparencia. Una democracia participativa como la que defendemos, lo es en la medida que los actores sociales son tomados en cuenta permanentemente y se crean mecanismo que posibiliten la participación de la gente, y que aseguren un diálogo lineal. La democracia y sus componentes se construye practicándola cada día en la casa, en la escuela, en la iglesia, etc. La “democracia” dominicana necesita democratizarse para descargarla de autoritarismo, el asistencialismo, el clientelismo y otros ismos que la afectan. Esta limitación se expresa en el gobierno central, los Ayuntamientos y, sobre todo, en los partidos políticos. Democracia es diversidad y consenso. Democratizar exige flexibilidad, apertura, solidaridad, y una actitud favorecedora de los procesos democráticos. Considerar que todos podemos, y tenemos derechos y deberes. Una sociedad democrática tiene que considerar a sus miembros como sujetos, no objetos. “Democratizar los ayuntamientos atraviesa por una ruptura de la dependencia directa que por años arrastran estos del Poder Ejecutivo. Cada vez más, el Gobierno Central tiene que asignarles mayores cuotas del presupuesto nacional a los ayuntamientos y estos, a su vez, deben corresponder con una cualificación de su gestión. A tal punto, que se está promoviendo la creación de la Carrera Municipal (negritas del autor), de manera que los funcionarios municipales y los aspirantes puedan formarse debidamente en los renglones básicos de la administración municipal. Esta es una tarea que la Liga Municipal Dominicana debe coordinar con las universidades que hacen vida en diferentes puntos del país.[26]” Uno de los obstáculos del desarrollo en Cotuí es el escaso desarrollo institucional del Gobierno local. La mayor parte del presupuesto municipal se gasta en la nómina, no se desarrollan estrategias creativas de generación de recursos. La relación con la comunidad es coyuntural. Las escasas inversiones se reducen a infraestructuras, la biblioteca es deficiente, y no existe un departamento de cultura. Parece ser que no se tiene claro cómo desempeñar eficientemente la gestión municipal; para tales fines, se necesita de una verdadera vocación de servicio y una administración transparente con la participación directa de la comunidad. Cotuí es uno de los municipios donde más se han elaborado documentos, investigaciones y propuestas sobre cómo desarrollarlo. Sin embargo, las propuestas no han sido asumidas por los partidos políticos que controlan los escenarios gubernamentales locales y nacionales. Por su parte, la sociedad civil no ha sido sistemática en el levantamiento de sus propuestas; es extremadamente coyunturalista. De las propuestas realizadas, destacamos dos[27] , por la vigencia que mantienen, la viabilidad de las soluciones planteadas y por haber sido elaboradas tomando en cuenta el componente de la participación comunitaria Datos del autor Ricardo Hernández. Nació en Cotuí el 3 de abril de 1964. Tiene licenciatura en Historia y Maestría en Educación mención Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo-UASD; en la actualidad se encuentra cursando el doctorado en Sociología en la Universidad del País Vasco..
Ha publicado Las fiestas patronales en honor a la Inmaculada Concepción de Cotuí, desde sus orígenes hasta 1991, Hacia una propuesta de desarrollo en el municipio de Cotuí, Notas sobre la participación haitiana en la Guerra Restauradora, Queremos participar, Diálogo y participación por el bienestar municipal y Gobiernos locales dominicanos: limitaciones y alternativas, diagnóstico institucional del Ayuntamiento de Cevicos, Los movimientos sociales en el municipio de Cotuí (1975-1995), Las organizaciones barriales en el nordeste de la República Dominicana. Es coautor de Forests, gardens and tree farmas, gender class and community at wort in the landscapes of Zambrana-Chacuey y Las fiestas de carnaval en la Provincia Sánchez Ramírez.
[1] Es profesor de la Escuela de Sociología de la UASD en el CURNE San Francisco de Macorís; técnico del Área de Ciencias Sociales en la Regional de Educación No. 16; director de proyectos de Comunidad Cosecha y miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Historia. [2] Estas se encuentran entre las empresas más abundantes en los campos cotuisanos. Las fincas ganaderas son tecnológicamente muy atrasadas, operan con criterios extensivos en la producción, y generan pocos empleos, ya que dos o tres hombres atienden a cientos de cabezas de ganado. Sobre esta base se mantiene su rentabilidad. Por otra parte, grandes extensiones de terrenos que estaban dedicados a las plantaciones de cacao han terminado cubiertos por los pastos ganaderos.
[3] Antes, las botellas y las cajas se iban a la basura, o se regalaban, mientras que ahora muchas familias las tienen como fuente de ingresos. La ciudad obliga a que los más pobres aprovechen cualquier fuente de captación de recursos económicos. [4] Producto del crecimiento espacial de la ciudad, el Mercado Municipal se distanció de muchos hogares, de ahí que comenzaron a surgir micro-mercados en diferentes barrios del municipio. [5] Oficina Nacional de Estadística. División territorial, República Dominicana, Santo Domingo, 1995, pp-11. [6] Banco Interamericano de Desarrollo. República Dominicana, indicadores de pobreza, informe final, s.l., s.f. [7] CENISMI. Censo Nacional de Talla, 1993. (citado en el estudio del BID). [8] Banco Interamericano de Desarrollo, Ibídems. [9] Oficina Nacional de Planificación. “Focalización de la pobreza en la República Dominicana”, Informe Población, No.11, 1997. [10] Oficina Nacional de Estadística. Censo nacional de población, 1993, s.p. [11] Oficina Nacional de Estadística. Censo nacional de servidores públicos, datos preliminares, 1998, pp-113 [12] Centro Dominicano de Estudio de la Educación (CEDEE). Informe-síntesis sobre la situación actual de Cotuí urbano, mimeo, s.f., pp-6. [13] Entrevista a Oscar Pérez [14] El serenear consiste en que las Juntas de Vecinos organizan en sus respectivos barrios un sistema de patrullaje nocturno para combatir la delincuencia, en combinación con la Policía Nacional, lo cual ha permitido controlar un tanto este problema. [15] Entrevista a Isabel Estévez. [16] Otros grupos de mujeres importantes que surgieron en este período fueron los del barrio La Altagracia, La Colonia y la Asociación de Egresadas del Politécnico "La Inmaculada"; este último con fines micro-empresariales. [17] Entrevista a Claudio Antonio Peña. [18] Centro Dominicano de Estudios de la Educación (CEDEE). Otro abril de lucha popular, 1ro. de mayo, Santo Domingo, 1984, pp-18. [19] La autogestión comenzó cuando algunos pobladores trajeron la energía eléctrica desde los barrios cercanos compartiéndola con sus vecinos para atenuar la oscuridad. [20] En la electrificación de un sector del barrio San Martín se gastaron alrededor de RD$40,000 aportados por sus pobladores. [21] Hernández, Ricardo. “En Cotuí, agua y luz para aliviar el dolor de un desalojo". El Regional, Año I, enero, Cotuí, 1993, pp-9. [22] Grupo de Acción por la Democracia, Cotuí. Documento de trabajo municipal, agenda municipal de desarrollo, Santo Domingo, 1996, pp-26. [23] La capacidad relativa en galones de agua de los tres acueductos es la siguiente: uno de 100,000 galones, otro de 300,000 y el último de 600,000 a 1 millón de galones. [24] Tanto en el barrio San Martín como en el La Altagracia, lo primero en instalarse fueron las llaves públicas. Entrevistas a Elena Maldonado, 17-11-1996 y a Tereso Arias, 24-11-1996. [25] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Guía metodológica de capacitación en gestión ambiental urbana para organismos no gubernamentales de América Latina y el Caribe, Santiago de los Caballeros, 1996, pp-34. [26] Hernández, Ricardo (sistematización). Hacia una propuesta de desarrollo en el municipio de Cotuí, Cotuí, 1998, p-28. [27] Grupo de Acción por la Democracia, Cotuí, Documento de trabajo municipal, agenda municipal de desarrollo, Santo Domingo, 1996. y Hernández, Ricardo (sistematización). Hacia una propuesta de desarrollo en el municipio de Cotuí, 1998. |
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